domingo, 31 de mayo de 2009

Transición

Pasar por la experiencia de hacer el curso del arte de vivir no fue fácil para mí. Es que desde ese momento me hice consciente de todo lo que tenía que cambiar en mi vida y eso me trajo muchas resistencias. Recién después de estar un tiempo sin hacer mis prácticas, comencé a ver todos los cambios positivos que había tenido, por encima de todas las cosas que tendría que haber hecho para cambiar y que nunca las hice.
Eso fue realmente genial.
Poder ver cómo tus sentimientos se hicieron más puros que antes, como cambiaste tu visión del mundo y cómo extrañas a la gente con la que hiciste el curso.
Poder ver cómo extrañas también hacer tus practicas a la mañana y ver como cambiaste ciertos hábitos sin siquiera habértelo propuesto.
Esta es la experiencia que puedo compartir con ustedes. Experiencia que aún hoy es una hermosa transición interminable.

Javier, 28 años

Para los intelectuales e insensibles

Las primeras veces que escuché a personas decir “¿Vieron cuánto amor se siente al meditar? ¡¡Es tan lindo!!” pensé con crudeza: “me están mintiendo o están delirando”. Estaba convencida que el amor era como el afecto o el cariño que existen sólo en relación a una persona o un animal.

Pese a no entender, como experimentaba un gran alivio al meditar, incorporé la técnica del Sahaj Samadhi a las prácticas diarias de respiración. Recién al año empecé a sentir que en el centro de mi pecho algo se estaba abriendo, como si me estuvieran haciendo un corte transversal. Con los ojos bien abiertos, mis manos se apresuraron a cubrir la región y comprobé que físicamente seguía entera, me tranquilicé por mi cuerpo pero me asusté por lo extraño de la experiencia. Al tiempo sentí lo mismo en la garganta, luego en el entrecejo, y después del tercer Fase II lo sentí en la coronilla. Y esta vez fue más impresionante: sentía que algo emanaba desde allí y se expandía, como si fuese un huevo crudo que chorreaba por mi pelo. Se lo conté a Joan Goodrum con miedo que me mandara al psiquiatra y sólo me miro con infinita ternura. Le pedí que me explicara qué me estaba pasando y me respondió “no lo sé... algo se está moviendo, vas a estar bien”.

Esos cortes y lo del huevo crudo nunca volvieron (por suerte), y sí lo que me pasa cada tanto es que, en los mismos lugares, siento algo que se mueve, una vibración muy suave, como si fuese una caricia que despierta un placer interno.
Nunca creí posible que una intelectual e insensible como yo era podía percibir sensaciones sutiles... y tanto he cambiado, que ahora hasta experimento amor.


Ingrid, 35 años

Cita
“El amor no es una emoción, es tu propia existencia”

Buscando ser libre


De a poco voy aprendiendo, que cada vez que estoy sufriendo, hay un dolor guardado en secreto.

Desde que comencé a meditar con el Sahaj Samadhi aprendí que tenía la opción de liberarme del sufrimiento. A veces siento que el primer paso es bajarme del escenario y reconocer que he representado una y otra vez la misma obra de teatro dramática: una misma secuencia de pensamientos, emociones y reacciones, con un mismo núcleo de dolor.

Conectarme conmigo misma no siempre es fácil pero cuando estoy cansada de negar y evitarme, crece mi humildad y empiezo de a poco a entregarme. El resto es sólo dejarse llevar: hacer prácticas, compartir con sinceridad lo que estoy viviendo, tener esperanza, ser receptiva... y esperar a que una puerta interna se abra. Al sentir y aceptar el enojo, el miedo, la tristeza, una a una se van yendo y van dejando al descubierto un núcleo que las estaba generando, como si fuese un punto donde la energía vital se encontraba retenida, y al encontrarlo algo empieza a moverse. Cuando llega ese momento me doy cuenta que no perdí el tiempo, mientras estuve practicando una forma diferente de vivir.

De a poco voy aprendiendo, que cuando el dolor se libera, fluye el amor.


Ingrid, 35 años



Cita
“El dolor es inevitable y el sufrimiento es opcional”

Ese famoso click

Hace rato que nadie me dice que pierdo el tiempo meditando, que debería comer carne o que pare de cantar mantras (que dicho sea de paso, son adictivos).
Nadie lo hace porque cuando decidí estar al 100% con la Fundación (léase: hacer las prácticas todos los días, consumir comida vegetariana, ver videos de conocimiento, etc.)… es decir, cuando me dí cuenta que nada funciona a medias y que para crecer había que tomar compromisos, algo hizo click (sí, ese famoso click). Y qué pasó? De repente me ví con esa sonrisa de las que todos hablan (se habla de la sonrisa incondicional, pero todavía tengo un pequeño trecho para eso), y a pesar de que no soy pro cursileria, debo admitir que con todos estos procesos uno empieza a abrir más su corazón y a vivir más en el amor. Es hermoso! Y es un viaje de ida... yo no solía escribir así!

Mechi, 24 años

Les dejo mi experiencia


Dejar la distancia para fundirme en un abrazo,
Dejar de tratar para comenzar a hacer,
Dejar el pasado para vivir el presente,
Dejar de juzgar para comenzar a aceptar,
Dejar la queja para tomar responsabilidad,
Dejar de odiar para empezar a amar,
Empezar a respirar para simplemente dejar ir…
Saludo lo más divino que hay en tí.


Javier, 28 años