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domingo, 31 de mayo de 2009

Para los intelectuales e insensibles

Las primeras veces que escuché a personas decir “¿Vieron cuánto amor se siente al meditar? ¡¡Es tan lindo!!” pensé con crudeza: “me están mintiendo o están delirando”. Estaba convencida que el amor era como el afecto o el cariño que existen sólo en relación a una persona o un animal.

Pese a no entender, como experimentaba un gran alivio al meditar, incorporé la técnica del Sahaj Samadhi a las prácticas diarias de respiración. Recién al año empecé a sentir que en el centro de mi pecho algo se estaba abriendo, como si me estuvieran haciendo un corte transversal. Con los ojos bien abiertos, mis manos se apresuraron a cubrir la región y comprobé que físicamente seguía entera, me tranquilicé por mi cuerpo pero me asusté por lo extraño de la experiencia. Al tiempo sentí lo mismo en la garganta, luego en el entrecejo, y después del tercer Fase II lo sentí en la coronilla. Y esta vez fue más impresionante: sentía que algo emanaba desde allí y se expandía, como si fuese un huevo crudo que chorreaba por mi pelo. Se lo conté a Joan Goodrum con miedo que me mandara al psiquiatra y sólo me miro con infinita ternura. Le pedí que me explicara qué me estaba pasando y me respondió “no lo sé... algo se está moviendo, vas a estar bien”.

Esos cortes y lo del huevo crudo nunca volvieron (por suerte), y sí lo que me pasa cada tanto es que, en los mismos lugares, siento algo que se mueve, una vibración muy suave, como si fuese una caricia que despierta un placer interno.
Nunca creí posible que una intelectual e insensible como yo era podía percibir sensaciones sutiles... y tanto he cambiado, que ahora hasta experimento amor.


Ingrid, 35 años

Cita
“El amor no es una emoción, es tu propia existencia”

Buscando ser libre


De a poco voy aprendiendo, que cada vez que estoy sufriendo, hay un dolor guardado en secreto.

Desde que comencé a meditar con el Sahaj Samadhi aprendí que tenía la opción de liberarme del sufrimiento. A veces siento que el primer paso es bajarme del escenario y reconocer que he representado una y otra vez la misma obra de teatro dramática: una misma secuencia de pensamientos, emociones y reacciones, con un mismo núcleo de dolor.

Conectarme conmigo misma no siempre es fácil pero cuando estoy cansada de negar y evitarme, crece mi humildad y empiezo de a poco a entregarme. El resto es sólo dejarse llevar: hacer prácticas, compartir con sinceridad lo que estoy viviendo, tener esperanza, ser receptiva... y esperar a que una puerta interna se abra. Al sentir y aceptar el enojo, el miedo, la tristeza, una a una se van yendo y van dejando al descubierto un núcleo que las estaba generando, como si fuese un punto donde la energía vital se encontraba retenida, y al encontrarlo algo empieza a moverse. Cuando llega ese momento me doy cuenta que no perdí el tiempo, mientras estuve practicando una forma diferente de vivir.

De a poco voy aprendiendo, que cuando el dolor se libera, fluye el amor.


Ingrid, 35 años



Cita
“El dolor es inevitable y el sufrimiento es opcional”