
De a poco voy aprendiendo, que cada vez que estoy sufriendo, hay un dolor guardado en secreto.
Desde que comencé a meditar con el Sahaj Samadhi aprendí que tenía la opción de liberarme del sufrimiento. A veces siento que el primer paso es bajarme del escenario y reconocer que he representado una y otra vez la misma obra de teatro dramática: una misma secuencia de pensamientos, emociones y reacciones, con un mismo núcleo de dolor.
Conectarme conmigo misma no siempre es fácil pero cuando estoy cansada de negar y evitarme, crece mi humildad y empiezo de a poco a entregarme. El resto es sólo dejarse llevar: hacer prácticas, compartir con sinceridad lo que estoy viviendo, tener esperanza, ser receptiva... y esperar a que una puerta interna se abra. Al sentir y aceptar el enojo, el miedo, la tristeza, una a una se van yendo y van dejando al descubierto un núcleo que las estaba generando, como si fuese un punto donde la energía vital se encontraba retenida, y al encontrarlo algo empieza a moverse. Cuando llega ese momento me doy cuenta que no perdí el tiempo, mientras estuve practicando una forma diferente de vivir.
De a poco voy aprendiendo, que cuando el dolor se libera, fluye el amor.
Desde que comencé a meditar con el Sahaj Samadhi aprendí que tenía la opción de liberarme del sufrimiento. A veces siento que el primer paso es bajarme del escenario y reconocer que he representado una y otra vez la misma obra de teatro dramática: una misma secuencia de pensamientos, emociones y reacciones, con un mismo núcleo de dolor.
Conectarme conmigo misma no siempre es fácil pero cuando estoy cansada de negar y evitarme, crece mi humildad y empiezo de a poco a entregarme. El resto es sólo dejarse llevar: hacer prácticas, compartir con sinceridad lo que estoy viviendo, tener esperanza, ser receptiva... y esperar a que una puerta interna se abra. Al sentir y aceptar el enojo, el miedo, la tristeza, una a una se van yendo y van dejando al descubierto un núcleo que las estaba generando, como si fuese un punto donde la energía vital se encontraba retenida, y al encontrarlo algo empieza a moverse. Cuando llega ese momento me doy cuenta que no perdí el tiempo, mientras estuve practicando una forma diferente de vivir.
De a poco voy aprendiendo, que cuando el dolor se libera, fluye el amor.
Ingrid, 35 años
Cita
“El dolor es inevitable y el sufrimiento es opcional”
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